Esta es mi opinión sincera después de años coleccionando y llevando relojes: los relojes de hombre son sencillamente mejores. Y no, 41 mm no son demasiado para la muñeca de una mujer.

Tengo este reloj desde hace unos años y, sinceramente, nuestra relación no ha hecho más que mejorar. No es el reloj que llevo a diario, maltrato un poco y luego olvido; me lo pongo de vez en cuando. Pero cada vez que abro la caja y lo saco, vuelvo a pensar al instante: «Ah, sí, este es el elegido».

Empecemos por la esfera, porque fue lo primero que me conquistó. Este modelo se conoce como el «Panda», y ese apodo tan simpático le va como anillo al dedo. La esfera blanca opalina contrasta con dos subesferas negras mate. El conjunto es limpio, legible y está tan bien equilibrado que entusiasma a mi lado más obsesionado con el diseño. Si añadimos las características agujas Snowflake de TUDOR, el discreto toque rojo en la punta de la aguja del cronógrafo y la indicación roja de la resistencia al agua, tenemos una esfera que parece sacada de la parrilla de salida de una carrera de los años setenta.

Tiene personalidad. No va pidiendo atención, pero basta con que alguien lo vea al otro lado de la mesa para que sepa que es algo especial.

Lo anima el calibre de manufactura MT5813, con una reserva de marcha de 70 horas y un mecanismo de cronógrafo de rueda de pilares y embrague vertical.

También ofrece una resistencia al agua de 200 metros. ¿Voy a ponerme una botella de buceo y bajar 200 metros en un océano helado? Ni en esta vida. Si ya me cuesta meterme en la parte honda de la piscina de mi barrio. Pero me da mucha tranquilidad saber que, si me meto en la ducha con él por despiste o me sorprende un chaparrón monumental, mi querido Panda saldrá ileso.

El debate sobre si es «demasiado grande» 

Si buscas en internet reseñas de este reloj escritas por hombres, tarde o temprano encontrarás bastantes quejas sobre su tamaño.

Sí, técnicamente se vende como reloj de hombre. Sí, mide 41 mm de diámetro. Y no, en mi humilde opinión, 41 mm no es un tamaño grande. Simplemente tiene seguridad en sí mismo.

Me hace gracia que algunos hombres lo consideren un reloj enorme y pesado. A mí me hace sentir poderosa. 

El tamaño depende sobre todo de la perspectiva y de la confianza con la que se lleve. Cuando un reloj se asienta bien sobre la muñeca sin sobresalir por los lados, la cifra exacta en milímetros importa menos de lo que muchos creen. En mi muñeca, el Black Bay Chrono tiene presencia, pero no resulta absurdo. Se ve moderno y elegido a conciencia.

Adiós al acero: cambio el brazalete por una correa de cuero

Cuando compré el reloj, venía con el brazalete estándar de acero inoxidable de TUDOR. Quedaba genial, pero con el tiempo el conjunto de acero me pareció demasiado pesado y formal para la forma en que quería llevarlo. El acero de la caja y el brazalete le daba cierta rigidez, y el peso añadido del brazalete metálico, junto con la gruesa caja del cronógrafo, era demasiado metal para mi gusto.

Así que decidí quitar el brazalete y ponerle una correa de cuero.

Ese único cambio transformó por completo el reloj. La correa de cuero suavizó su aspecto y lo hizo más cálido, relajado y personal. También redujo bastante el peso, por lo que ahora resulta mucho más cómodo durante horas.

Visualmente, el cuero negro o marrón oscuro realza muy bien la esfera panda. El reloj deja de parecer solo un deportivo pesado y se acerca más a un clásico para cada día, fácil de combinar con jerséis informales, vaqueros o una americana oversize. Si alguna vez sientes que el reloj te lleva a ti, y no al revés, cambiar la correa suele bastar para recuperar el equilibrio.

Conclusiones

Si he sacado alguna conclusión de mis años con el TUDOR Black Bay Chrono M79360N-0012, es que las reglas de estilo están para romperlas. No deberías sentirte limitada a la sección de mujer de una relojería solo porque así lo dicte el marketing tradicional. Si te gustan las cajas grandes, las esferas atrevidas y los relojes con presencia, póntelos.

Con sus 41 mm, este reloj no me queda demasiado grande: para mí tiene el tamaño justo. Cambiar el brazalete por cuero le dio ese aire personal y relajado que encaja con mi estilo diario. Y, después de todos estos años, al ponérmelo sigo sintiendo la misma emoción que el día en que lo compré.

Puede que no sea el reloj que elijo cada mañana, pero después de unos años juntos sigue siendo uno de mis favoritos cuando quiero llevar algo con verdadera presencia.